Imposible salir del pozo si no se construye confianza

Economía 05 de noviembre de 2021
El autor dice sugiere dejar de discutir las razones de la inflación porque ya hay suficiente evidencia de que la suba constante de precios es la contracara de los desórdenes monetarios y fiscales.
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DIEGO SARAVIA TAMAYO ECONOMISTA

Resulta difícil de creer que en Argentina se siga discutiendo las razones de tener una de las inflaciones más altas del mundo; ignorando la evidencia empírica y los desarrollos teóricos desarrollados en el último medio siglo.

Nuestra inflación es consecuencia de años de desorden fiscal y monetario. Es cierto que hay puntos válidos de discusión sobre causas en países más estables, con inflaciones de, digamos alrededor de 5%, pero en el caso argentino no tienen cabida por la claridad meridiana de las causas.

No tiene sentido presentar acá la literatura teórica o empírica, por el pudor que despierta decir obviedades, pero mencionemos un libro reciente sobre la historia fiscal y monetaria de Latinoamérica (A Monetary and Fiscal History of Latin america, 1960-2017) editado por Kehoe y Nicollini y por aparecer en la Universidad de Minnesota donde se revisan los episodios inflacionarios de los países sudamericanos y México y se muestra la clara relación entre inflación y desórdenes monetarios, los que a su vez están relacionados con problemas fiscales.

En Argentina, desde hace unos años hay una “ calesita monetaria”, en donde el Banco Central emite pesos y los absorbe vendiendo deuda de corto plazo. Así, el Banco Central aumenta sus pasivos que rinden una tasa de interés y reduce los que no pagan tasa de interés. Esto no es problemático en países donde la gente confía en las instituciones que manejan la política fiscal y monetaria. Pero no es el caso argentino. De hecho, por ejemplo, los ratios de deuda remunerada del Banco Central de Chile son mayores que los argentinos, pero pasan desapercibidos por la mayoría, dada la confianza en el manejo monetario.

Así, en Argentina la relación de deuda de corto plazo (Leliqs y Pases Pasivos) y la base monetaria es de alrededor de 150% (doce meses antes era 116%) y la base monetaria ha estado creciendo en el último año a una tasa de alrededor de 28%, cuando doce meses antes venía creciendo al 80%; números que lucen demasiado grande en perspectiva. Este menor crecimiento en la base monetaria se debe en parte a una mayor absorción por medio de Leliqs y pases pasivos mencionado.

En un contexto de debilidad institucional, emitir deuda para absorber dinero (base monetaria), significa que los individuos descuenten una emisión futura mayor para absorber esa deuda más los intereses devengados y así elevar las expectativas futuras de inflación aumentando también la inflación presente. El problema es mayor en el contexto de “dominancia fiscal” argentino, donde un fisco sin acceso al crédito, y con Banco Central sin independencia, recurre a la emisión para financiar el déficit.

La calesita monetaria viene funcionando desde el gobierno anterior y, por supuesto, que se ha podido seguir jugando con ella por las restricciones a la compra de dólares.

Esporádicamente, el BCRA y el Gobierno parecieran preocuparse por esta dinámica y toman medidas que no es de esperar que tengan algún efecto significativo que exceda el corto plazo. Por ejemplo, cambios regulatorios para crear una demanda de deuda en pesos (aunque se restrinja el mercado secundario para no convalidar aumentos en la tasa de interés) o permitir a los bancos mantener parte de sus encajes en deuda pública en pesos.

Es cierto que el fisco sólo se puede financiar con esta deuda, pero no es menos cierto que la gente no confía en ella. Y, de hecho, la dominancia fiscal y falta de independencia del BCRA hacen que no sean tan diferentes la deuda emitida por el BCRA y la emitida por el fisco.

Sin una mejora en las expectativas basadas en un plan económico decente, ambas deudas consolidadas implican un mayor desequilibrio fiscal y monetario futuro.

Con respecto al FMI, arreglar con la institución es una condición necesaria para no hundirse más, pero no es razonable esperar una salvación milagrosa dada la coyuntura actual y la falta de plan. De hecho, hay varios estudios en la literatura desarrollada en los últimos 20 años sugiriendo que este sería el caso.

En definitiva, la única salida es que se presente un plan económico que muestre una senda de ordenamiento fiscal y monetario creíble y que tenga la palabra productividad en él para que los salarios no pierdan con la inflación futura.

Para lograr un plan de estas características, obviamente, se necesitan consensos políticos básicos. Si no, sigamos con los controles de precios y alguna otra cosa que no funcionó nunca y prendamos velas para tranquilizar la economía como decía el ministro Martín Guzmán. Pero no olvidemos que alguien en coma, en los últimos instantes de la vida también puede lucir tranquilo.

El autor es Director Proficio, ex Gerente de Investigaciones Económicas y Asesor Senior de Política Monetaria en Banco Central de Chile. Diego Saravia Tamayo

FUENTE DIARIO CLARIN

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