
El triunfo de Milei amenaza las relaciones bilaterales con el Gigante de Sudamerica

Brasil se prepara para cuatro años muy difíciles en su relacionamiento con la Argentina y por ende con el Mercosur. Tan complejos que el 10 de diciembre el “representante” brasileño en la asunción de Javier Milei no será Lula, sino Jair Bolsonaro, a quien el presidente electo invitó formalmente.
La diplomacia va a tener que hacer malabares para evitar una crisis mayor a la ya proyectada por los exabruptos del futuro jefe de Estado. Tras las fuertes acusaciones de Milei al mandatario brasileño, a quien tildó de “corrupto”, desde Brasilia ponen condiciones. El ministro de Comunicación Social, Paulo Pimenta, arrojó la primera piedra.
"Yo no llamaría (para felicitar a Milei). Solo después que él me llamase para pedirme disculpas. Ofendió de forma gratuita al presidente Lula. Él tiene que hacer un gesto, como presidente electo, de llamar para disculparse. Después de eso, pensaría en la posibilidad de conversar”, afirmó.
No por nada Lula escribió un mensaje lavado en X, la antigua Twitter, para desearle “suerte” al nuevo gobierno argentino, pero sin siquiera mencionar a Milei por su nombre. Todo un mensaje político para un presidente electo que prometió romper las relaciones bilaterales durante la campaña.
Antonio Lavareda, presidente honorario de la Asociación Brasileña de Investigadores Electorales, resumió en diálogo con la prensa: “Los diplomáticos de ambos países van a tener mucho trabajo”.


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