Fernando Escudero, el salteño que enciende la llama de la esperanza con trabajo y humildad

Opinión 21 de marzo de 2022 Por Guada Montero
Por sobre la catarata de malas noticias que nos desbordan diariamente, vale la pena rescatar aquellas historias que nos reconcilian con el género humano y nos devuelven la esperanza.
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Fernando Escudero, presidente de la Fundación UNIR.

Fernando Escudero es presidente de la Fundación Unir y hace 20 años comenzó ayudando a la escuelita de Isonza, cerca de Amblayo, en los Valles Calchaquíes. Su principal actividad es el turismo, pero sus ganas de ayudar lo llevaron a crear una organización con un grupo de amigos. Aunque iniciaron sus actividades de manera informal, hace seis años decidieron formalizar la fundación.

En este marco, Luis “Gordo” Puló y Cecilia Torres entrevistaron en Salta + Iva por FM Identidad 103.3 al presidente de la Fundación UNIR, Fernando Escudero, detalló que la institución lleva adelante proyectos multidisciplinarios que buscan un desarrollo integral de las comunidades y sus habitantes.

Comentó, que son una ONG sin fines de lucro formada por un grupo de personas con un objetivo en común: fomentar la cultura del trabajo, la educación en valores y desarrollo humano, económico y social.

Tienen como misión fomentar el desarrollo humano económico y social mediante la ejecución de programas y proyectos que promuevan la educación en valores, el desarrollo local, la pertenencia a una comunidad y la responsabilidad ambiental.

Durante la entrevista, Fernando Escudero reseñó lo acontecido el 17 de junio del año pasado, feriado por el Día del Paso a la Inmortalidad del general Martín de Güemes.

A las 8, sonó su teléfono. No reconoció el número en el visor. Era largo y pensó que podía ser de algún sitio lejano. Dudó incluso en atender en caso de que fuera un telemarketer queriendo venderle algo. Finalmente, respondió y se suscitó el siguiente diálogo: “¿Fundación Unir, Fernando Escudero?”. Con tonada cordobesa se escuchó: “Vi la foto de una niña del paraje Isonza con un dibujo del Cabildo, me encantó, me enterneció y … quiero que esa chica pueda ir a la universidad”.

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Isonza de Buena Vista es una localidad a 130 km de la ciudad de Salta, en el departamento San Carlos, donde funciona la Escuela Rural 4596 a la que asiste Delfina, tal el nombre de la niña que había posado para la foto junto a un simpático Cabildo de cartón.

El insólito diálogo desconcertó inicialmente al directivo, quien expresó: “Pero… esta chiquita tiene cuatro años”. Del otro lado le contestaron: “Ya sé que tiene cuatro años. No soy ciego. Vi la foto. Y te repito… Quiero que esta chica pueda ir a la universidad”. Lo que siguió fue música para sus oídos: “Vivo hace 33 años en Estados Unidos, me fue muy bien, tengo recursos y tengo amigos que también tienen recursos, así que vamos a trabajar con la Fundación Unir para que Delfinita pueda ir a la universidad. Para esto, necesitamos que tenga una linda casa, una muy buena educación, que se alimente bien y que acceda a buena atención médica”.

Sin salir de su asombro y luego de varias conversaciones con el flamante mentor, la fundación Unir visitó Isonza con una arquitecta y fue así que el milagro se puso en marcha. Ya se está construyendo una casa de 120 metros cuadrados para la familia de Delfina. Mientras tanto, ella se mantiene en contacto permanente con su “amigo invisible”, el hacedor de milagros que vive en Texas.

La generosa iniciativa motorizó muchísimos proyectos. Para que Delfina pueda ir a la universidad tiene que encontrar no solo ayuda, sino también motivación dentro del ecosistema en el que se desenvuelve. Además de la casa, la Fundación Unir elabora un Plan Integral para Isonza, en consonancia con el principal objetivo institucional que es fomentar la cultura del trabajo, la educación en valores y el desarrollo humano, económico y social.

Fundación Unir abre las puertas a quienes quieran ayudar a las miles de Delfinas salteñas como voluntarios o padrinos y también a través del Programa Monedas que construyen, tal como hizo el anónimo donante. Historias que reconfortan y que confirman que la esperanza está intacta cuando un corazón generoso late a la par del de aquel que necesita ayuda. Este es el milagro de Isonza, para Delfina.

 

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